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Los #ForoEscucha han sido criticados por muchos. Con razón, distintos colectivos de víctimas y organizaciones se han quejado, entre otras cosas, de servir como mero instrumento de legitimidad de una propuesta ya armada por el equipo de Andrés Manuel. Y aunque no lo fuera, el solo reclamo evidencia que el mecanismo no está funcionando.
Y es que no se trata de alinear los reclamos y expectativas de madres y padres que buscan a sus hijos, con los de mujeres víctimas de violencia sexual o con víctimas indirectas de ejecuciones extrajudiciales. Es una realidad que, incluso entre colectivos de víctimas de los mismos hechos, existen discrepancias, a veces hasta rivalidades. Y se vale.
Aunque hablamos de la violencia, en realidad estamos inmersos en una infinidad de violencias. Las violencias impactan a cada sujeto de forma diferenciada. Así que ahora que comienza a conocerse la barbarie, habrá memorias, dolores, exigencias y expectativas distintas, incluso contradictorias.
¿Cómo vamos entonces a construir líneas discursivas coherentes de construcción de paz? Así, en plural. Si queremos que el proceso sea incluyente y, por tanto, efectivo, nos toca construirlo desde abajo. No desde arriba, como pareciera pretender Andrés Manuel.
Entre muchas, hay una opción: los ejercicios de memoria.
Durante el mes de septiembre se presentó el informe Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras[1], elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia[2]. Digo durante el mes porque no se presentó solo en Bogotá, sino que primero fue entregado en Ecuador y en Panamá, así como en la frontera de Colombia con Venezuela.
¿De qué va el informe? En un intento por rescatar las voces más lejanas (y silenciadas), el CNMH se dio a la tarea de construir una línea de relatos desde abajo, desde las memorias incluso ya olvidadas, de la población que se vio obligada a abandonar el país durante el conflicto armado colombiano. Se centró en los casos de migración forzada a países vecinos: Venezuela, Ecuador y Panamá. Podrán imaginarse que no fue fácil construir líneas coherentes de memorias, exigencias y expectativas, en medio de tan diversos hechos victimizantes[3], costumbres, circunstancias del exilio, vaya, mundos tan distintos.
Más allá de los hallazgos en la investigación documental, resalta la metodología utilizada. El informe es resultado de un proceso de trabajo colaborativo con personas exiliadas, retornadas y organizaciones en la materia. Su participación activa (incluso podría decir directiva) no se limita a responder encuestas o asistir a foros a contar su historia (como se pretende en México). Las víctimas, protagonistas del proyecto, participaron incluso desde la formulación del proyecto de investigación. Además, el CNMH ha identificado, por lo menos, cinco formas, herramientas para evocar la memoria, con base en: 1) el lugar (trayectorias); 2) el tiempo; 3) el cuerpo; 4) recursos materiales y visuales y, por último, 5) las narraciones de las víctimas.
Una de las principales intenciones del informe consiste en posicionar social y políticamente las voces (las memorias, dolores, exigencias y expectativas) de la población exiliada. Sí, en plural. Pero de forma coherente y desde abajo. Hoy en día, hasta la Comisión de la Verdad, que apenas arrancó su mandato, ha recibido con buenos oídos esas voces. Y vaya que será un insumo importante para ella.
Los ejercicios de memoria no son tal, si se limitan a reunir víctimas sin reconocer sus diferencias, para que expongan en público por enésima vez su historia de dolor. Los ejercicios de memoria no pueden consistir en nuevas y cada vez más dolorosas revictimizaciones, para que no haya nada nuevo, para que todo siga igual.
Personas exiliadas que participaron en el proceso de construcción del informe señalaron que hasta que no llegaron “los del Centro de Memoria”, no habían tenido ni un solo contacto con el Estado Colombiano. El primer contacto para iniciar un proceso de reconciliación con el Estado vino por un ejercicio de memoria.
En México está claro. Queremos justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Pero no está tan claro cómo vamos a materializarlo.
El Estado Mexicano tendrá que dar la cara por primera vez, ni siquiera en el extranjero, sino en tantas comunidades olvidadas que Andrés Manuel dice conocer. Tal vez un ejercicio de memoria bien ejecutado, desde abajo, pueda funcionar.
¿Qué entienden las víctimas por justicia? ¿La memoria e interpretación de quién debe prevalecer como verdad? ¿A quiénes y cómo reparamos considerando las limitaciones financieras e institucionales? Si no conocemos siquiera las dimensiones de la tragedia, ¿qué causas de la violencia erradicamos para garantizar que no se repitan? Estas son apenas algunas preguntas de muchas (muchísimas) que podemos y debemos hacernos.
Uno de los grandes (y muchos) retos que se nos vienen, radicará en construir discursos coherentes, a partir de expectativas reales (y no digo realistas). El dolor es enorme, y nos tomará tiempo. Tomémonoslo. El dolor grita, y entre gritos nos habremos de ir entendiendo cada vez mejor. Pero debemos tomarnos en serio los ejercicios de construcción de memoria o habrá gritos, y nada más.

[1] Centro Nacional de Memoria Histórica (2018), Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras, Bogotá, CNMH. en línea: [http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/informes/informes-2018/exilio-colombiano].
[2] Les recomiendo el micrositio de Voces del Exilio, proyecto en el cual se enmarca el informe: [http://centrodememoriahistorica.gov.co/vocesdelexilio/].
[3] Cada víctima del exilio cuenta con su propia historia, su propio hecho victimizante, su propio dolor y circunstancias. Aunado a esto, el trabajo de campo se realizó en tres puntos fronterizos distantes y muy diversos.
Aunque una de las intenciones del informe consiste en impulsar el reconocimiento del exilio como hecho victimizante por sí mismo, la legislación colombiana exige que, para que una víctima sea reparada en el extranjero, debe demostrar otro hecho victimizante considerado como tal en la Ley 1448 de 2011.

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