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El pasado 10 de octubre, la presidenta de la Comisión de Igualdad la diputada Paula Soto presentó ante la Cámara de Diputados de Ciudad de México un proyecto de ley para que las personas trans menores de 18 años puedan rectificar su acta de nacimiento mediante un procedimiento administrativo en el Registro Civil. La iniciativa fue motorizada por la Asociación por las Infancias Transgénero en el Parlamento de Mujeres. Desde 2015 existe la ley de identidad de género en Ciudad de México pero sólo contempla a mayores de 18 años.
“Ya existe una vía en la Ciudad de México para que las personas menores de 18 años tengan reconocimiento a la identidad. Pero la vía ahora mismo es discriminatoria. Además, esta iniciativa surge como una necesidad social, impulsada como un ejercicio de participación ciudadana a la que se han sumado familias, feministas, personas trans jóvenes, organizaciones LGBT+ y aliades”, dijo a Presentes Tania Morales, presidenta de la Asociación por las Infancias Transgénero.
Presentes conversó con adolescentes trans, sus familias y activistas para saber cómo han sido sus experiencias en estos últimos años y cómo una ley que les contemple podría cambiar sus vidas.

Marcela, madre de Sara

“Cuando Sara decidió decirme que se identificaba con las personas trans, antes le pidió apoyo a la psicóloga de la escuela. En ese entonces estaba en Primero de secundaria en una privada. Al principio fue un shock tremendo. La psicóloga me dijo que algunos ya le decían Sara porque se los dijo desde que entró a clases y yo apenas me enteraba -entraron a clases en septiembre y me dijeron en abril del siguiente año-.  Mi reacción fue sacarle de la escuela porque no me lo habían dicho antes y porque debía empezar a recibir terapia de apoyo. Posteriormente la metí a la secundaria federal y le dije al director que estaba pasando una situación complicada debido a su adolescencia. Nunca mencioné que era una chica trans para inscribirla y aún yo no tenía mucho conocimiento del tema. Ahí terminó el primer año y segundo año. El bullying fue terrible. Algunas veces intervine y en otras no porque aún no comprendía o aceptaba por completo que mi hija era trans. Sin embargo respeté el hecho de llamarle por su nombre, aquí en casa. Poco a poco fui platicándole a la familia y amigxs hasta que logré acostumbrarme y a verle normal vestirse con ropa de chica. 

Marcela, Sara y su hermanito

Para tercer grado volvimos a la escuela privada que tanto le gusta a Sara por el nivel educativo. Me siento muy orgullosa de Sara pues es muy inteligente. Ella me pidió: “Mamá pregúntales si puedo llevar uniforme de chica y que me llamen Sara por favor”. La respuesta de la directora fue: “Tiene que usar el uniforme de acuerdo al género que le fue asignado de nacimiento y debemos usar el nombre que tiene su acta. Yo sentí que mi corazón se hizo chiquito. Y me dije si yo siento esto, ¿qué siente Sara todos los días? Ahí empezó nuestra lucha por visibilizar nuestra realidad de ser trans siendo menor. 
¿Qué facilitaría y cambiaría esta ley? Permitiría que Sara pudiera ser la persona que siempre ha querido ser, sin limitaciones, más segura y más feliz consigo misma. El solo hecho de contar con su acta de nacimiento con el nombre que ha elegido le cambiaría la vida y tendría más fe en la humanidad”.

Sara, 14 años

“Cuando hablaba con la directora de mi escuela sobre mi nombre o el uniforme, ella dijo que la sociedad no estaba lista y que teníamos que esperar a que lo estuvieran, y así si me llamarían por mi nombre real. En mi opinión nadie está listo para el cambio, pero eso no detuvo a las minorías de todo el mundo a luchar por sus derechos. La lucha por los derechos de la gente negra en Estados Unidos causó varias muertes, el feminismo en Latinoamérica también, pero eso no detuvo a nadie, no podemos esperar a que las cosas cambien por sí solas. Si me tengo que morir para que una niña trans al otro lado del país pueda tener su nombre lo haré”. 

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Teicuh, 16 años

Hasta ahora, la lucha ha sido en mi interior, lo más difícil ha sido, primero, procesar mis pensamientos y sentimientos, luego, ponerlo en palabras.  De pequeño, probé usar vestidos, hacerme trenzas, jugué con los ponys y mi color favorito era el rosa. A los 5 años ya me había hartado y sabía que eso no era para mí. Me corté el cabello solito, 2 o 3 veces, entre los 2 y los 5 años. Después de regaños por mi seguridad, me escondieron las tijeras y dejé de hacerlo; pero insistí en que quería mi cabello corto de forma consistente hasta los 14 años, cuando por fin me hicieron caso. Tampoco usaba la falda del uniforme, sólo llevaba el uniforme de deportes. Tuve un breve periodo de experimentación en la adolescencia como género fluido, pero cada vez que se referían a mí de forma neutra cada célula de mi cuerpo lo rechazaba totalmente. Mi cabeza rechazaba la idea de ser trans, pero la primera vez que mi amiga se refirió a mí en masculino, sentí felicidad pura… Él se sintió correcto”.

Alexandra, madre de Teicuh 

“Mi hijo siempre fue muy inquieto y travieso, corría y brincaba por todos lados, todo el tiempo. Cuando se cortaba el cabello, se lo dejaba super cortito de enfrente, cuando lo cachaba lo regañaba porque podía picarse un ojo. De sus juguetes, no le gustaban las muñecas, jugaba con animales y monstruos; y a veces se ponía algún vestido de princesa en Halloween, pero siempre anduvo de pants. Trabajo en educación especial, sé de los diferentes talentos, fortalezas, dificultades y retos que podemos enfrentar por las diferencias con las que nacemos. Existe discriminación pero también empatía, pero no se acerca ni tantito a la transfobia de nuestra sociedad, eso era lo que más me asustaba. Busqué asesoría especializada, me puse a estudiar y de ahí la transición social fue dándose muy natural en él; en mí, no tanto, aunque lo amaba y apoyaba incondicionalmente. Cambiar lo pronombres a masculino me costó mucho trabajo, afortunadamente, le puse unos nombres poco convencionales, así que, aunque todavía no cambiemos el género en su acta, no le afecta tanto como a otros de los niños y niñas trans.
Mi hijo ha estado en concursos de su escuela y le han dado algunos reconocimientos, pero me dice que si tuviera un nombre que lo identificara como del género contrario no iría o no los aceptaría, para que no dijeran su nombre en el micrófono. Y eso les pasa a muchos de los niños y adolescentes en esa situación: dejan de estudiar, de participar en sus actividades deportivas o culturales, sufren más bullying, angustia, ansiedad y más estrés que la mayoría de sus pares. Como familias, ha sido una bendición encontrarnos y compartir nuestros retos, experiencias, alegrías, tristezas, muchas separaciones y divorcios”

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Que las instituciones públicas acompañen

La parlementaria Erika Yamada Kubo, integrante del Primer Parlamento de Mujeres del Congreso de la Ciudad de México, dijo a Presentes que además de esta iniciativa es fundamental se impulsen políticas de no discriminación que transversalicen todas las instituciones públicas, sobre todo en relación al acceso a la educación. “Las escuelas deben adoptar medidas incluyentes que contemplen la prevención y la atención al bullying, el respeto a la diversidad (sobre todo a las poblaciones LGBT+) y la capacitación con enfoque de derechos humanos y perspectiva de interseccionalidad a docentes y demás personal educativo. Sería ideal que el currículo oficial del sistema educativo mexicano contemple materias de educación integral en sexualidad. Todavía una larga trayectoria para garantizar una vida digna para toda la niñez y adolescencia trans, pero este es un buen comienzo en esta trinchera de la Ciudad de México”.

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Por su parte, Jessica Marjane, fundadora de Red de Juventudes Trans México, explicó a Presentes la importancia de la reforma de 2015 y la posibilidad de rectificar los documentos de identidad, que tiene efectos en las demás instituciones. “Esto abrió un nuevo vocabulario, una nueva concepción y sobre todo construyó sujetos políticos más visibles en la vida y la participación política. También generó una nueva conciencia y percepción de que somos sujetos de derechos y libertades. El derechos a la identidad es un principio para ejercer otros derechos en tanto es un metaderecho. Desde Redes Juventudes Trans México justo participamos en ambos procesos. Todo el tiempo argumentado desde la intersección y fuera de la tutela. Para que nuestra voz no sea tutelada por el discurso médico ni el jurídico”.

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