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La más pura y fina talacha
13 septiembre, 2017
 

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Por Patricia de Obeso
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Es muy común que frente a los grandes problemas sintamos impotencia. O que nos quedemos paralizados. Esa no es la historia de Teresa y Gerardo, una pareja de vecinos de una colonia del municipio de Escobedo, a quienes conocí por la ola de violencia que azotó a Nuevo León en el 2011.

En aquel año, las cosas estaban tan mal y las opciones para protegerse eran tan pocas, que los vecinos decidieron entrarle al problema. Primero, crearon un sistema por cuadras para que las casas no se quedaran sin vigilancia en ningún momento del día, siempre había un vecino encargado. Después, se unieron con los vecinos de la colonia de al lado e hicieron lo mismo con el parque. Pero, no fue suficiente, la violencia los alcanzó de nuevo. Entonces se acercaron al municipio -una vez más- para solicitar mayor patrullaje o algún policía con quien pudieran identificarse. ¿La respuesta oficial? “No tenemos patrullas.” ¿La reacción de los vecinos? Rifas, colectas y fiestas para recaudar fondos. ¿El resultado? La foto del perfil de estas dos colonias en Facebook, es de la patrulla.

Con tantos problemas en México, la respuesta de que todo empieza en el ámbito local es cada vez más frecuente. Pero ¿en qué consiste el trabajo local? y, ¿por qué es importante? Por principio no hay una sola definición. Puede ser la calle, cuadra, colonia, manzana, barrio, localidad, pueblo, municipio. Pero hay un hecho: la autoridad más cercana y conocida para un vecino, es el alcalde. De esas administraciones dependen los cambios de uso de suelo, el cobro del predial, el mantenimiento de parques y banquetas y la operación de la policía municipal entre otras cosas. Las decisiones de un alcalde pasan, a su vez, por un grupo de regidores, a los que nadie conoce o muy pocos ubican.

Teresa, Gerardo y la junta de vecinos de las colonias amigas de Escobedo conocieron este entramado con base en su propia experiencia. Para la alcaldesa en turno, al principio sólo eran un grupo de vecinos que denunciaban y exigían. Con el tiempo se convirtieron en sus mejores aliados. Compraron la patrulla, llenaron de actividades el centro comunitario y cuidaban e invertían en el parque de la colonia. ¿Energía? Sí. ¿Compromiso? También.

Pero, aunque suena lindo y fácil, el trabajo local implica tener las discusiones más acaloradas con personas que están defendiendo su patrimonio y que, la mayoría de las veces, “no están de acuerdo en nada”. Implica desesperación, frustración y la más pura y fina talacha.

Pero el trabajo local es importante porque genera eso que poco a poco hemos ido perdiendo: el sentido de comunidad. No sólo se trata de la inseguridad, sino de la rendición de cuentas, la eficiencia y la garantía de las funciones básicas de los servidores públicos. Por otro lado, cuando uno se mete a ese sistema, se le va borrando la idea de que los ciudadanos somos los buenos y el gobierno los malos.

Después de conocer la historia de Teresa y Gerardo no dejo de preguntarme, ¿qué pasaría si todos empezáramos por ese “pequeño” núcleo llamado trabajo local?
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Miembro fundador de Creatura. Asiduo lector y analista de noticias sobre derechos humanos y la lucha por el poder político. Ama la Quiche Lorraine.
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