Agresiones a periodistas, autocensura y demandas. Libertades bajo acecho

La libertad de expresión es un valor tan importante como frágil. Objeto de ataques, malos entendimientos y maltratos, en México está en un periodo sombrío.

 

Aclaro lo obvio. No todo puede leerse en clave negativa. Resultado del compromiso y sacrificio de muchas personas, de la convergencia tecnológica y de otras transformaciones, sin duda es posible describir ciertas mejoras.

 

Pero sería absurdo negar que también vivimos algunos de los episodios más amargos de la historia del país. Menciono aquí apenas algunos.

 

Comencemos por lo fundamental: la violencia. La brutalidad actual es incomparable con lo vivido en los últimos 40 años. Si nos comparamos con otras naciones, México se encuentra, junto con un puñado de países en guerra o con conflicto interno, entre los territorios más riesgosos para ejercer el periodismo.

 

Dependiendo la fuente, los periodistas asesinados en los últimos 15 años alcanzan hasta 110 personas. Aunque algunas realidades son más escalofriantes que otras. Ayer mismo, Aristegui Noticias reportó que en Veracruz han sido asesinadas, entre periodistas y fotógrafos, 24 personas.

 

Tanta violencia rasga lenta y consistentemente la moral de la prensa. Su peor legado es la autocensura. Las sociedades libres y democráticas suelen jactarse de la vigorosidad de su debate público. En cambio, la autocensura es un indicador devastador de su decadencia. Con la muerte y los ataques asediando las redacciones, Tamaulipas, Veracruz o Michoacán son ejemplos del silencio autoimpuesto por miedo o por cautela.

 

Pero no sólo se calla por temor, también por interés o docilidad. El autoritarismo nos legó esa otra fuente de silencio. Son miles de millones de pesos de dinero público los que con reglas poco claras y con prácticas arbitrarias se embolsan muchos medios de comunicación. El intercambio de chantajes y favores entre empresarios y gobernantes tiene una moneda de cambio: silencio.

 

Otras prácticas, menos salvajes o estridentes, también lesionan la libre expresión y el debate público. Lo hacen de manera indirecta pero inhibiendo con mucha efectividad el ánimo crítico. Como el abuso del derecho con demandas por difamación o daño moral.

 

Como emblemáticas encuentro las recientes demandas de Victor Hugo Romo contra Xochtil Gálvez, las de Humberto Moreira contra Sergio Aguayo y Pedro Ferríz o la de Joaquín Vargas, presidente de MVS, contra de Carmen Aristegui.

 

Me detengo en esta última porque el caso presenta particularidades que conviene tener presente. Por principio conviene subrayar lo atípico del asunto ¿en cuántas partes del mundo el dueño de un medio de comunicación demanda periodistas por las opiniones escritas en un libro?

 

Segundo. Joaquín Vargas es un concesionario de un bien que es dominio de la nación. Su empresa realiza un servicio público de interés general. Su carácter de persona de interés público es incuestionable. Y, en democracia, los dichos sobre las actividades de carácter público de las personas de interés público, tienen una protección privilegiada.

 

Tercero. Mutilar libros es extremo y radical. ¿Es necesario para tutelar algo tan subjetivo como el prestigio? ¿Cómo ignorar que Joaquín Vargas es una persona que tiene acceso privilegiado a medios de comunicación para dar su opinión y que se le publican inmediatamente las cartas de réplica que escribe?

 

Cuarto. Al valorar el prestigio de Vargas ¿tenemos en cuenta u olvidamos que ya en una ocasión él mismo dio una conferencia de prensa para reconocer que por presiones de la Presidencia de la República decidió despedir a la misma periodista?

 

Algunos clásicos de la teoría crítica del derecho afirman que los tribunales no son espacios en donde se vierten argumentos para llegar a la verdad, sino campos de batalla para imponer intereses. Bajo estas consideraciones, las demandas por daño moral son un asunto delicado y preocupante.

 

La libertad de expresión ya se encuentra suficientemente herida y bajo acecho con la violencia, la concentración en la propiedad de medios, la falta de independencia y otros males. Guarden sus demandas, no necesitamos más fuentes de silencio.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>