El confinamiento no nos ha dejado escapatoria de las tareas del hogar; hacer de comer, lavar trastes, limpiar la mesa-escritorio, se han convertido en actividades dentro de nuestros horarios diarios, eso sin contar la inversión de tiempo en los casos en los que se tiene que atender a otras personas que estando en casa dependen de nuestros cuidados.

Independientemente de la composición de nuestras familias, todas las personas hemos tenido que incrementar el tiempo que dedicamos a los quehaceres, pero también, de acuerdo a la dinámica de nuestras familias, ese trabajo está mejor o peor repartido. Generalmente este asunto de repartir del trabajo cotidiano es una fuente de conflicto con el que viven muchas familias, mientras que otras que lo han resuelto a través de la contratación de empleadas del hogar.

Hablando de las empleadas del hogar, en México de manera muy reciente, logramos avances en el reconocimiento y acceso a sus derechos como trabajadoras, la posibilidad de ejercer una profesión con derechos laborales y de caminar hacia la construcción de relaciones formales de trabajo se ve cuesta arriba pero es muy necesario en un país que históricamente ha denigrado el trabajo doméstico y a quién lo realiza; por algo en la casa, a nadie le gusta hacerlo.

Las medidas de confinamiento por la pandemia llegaron en este momento justo en el que se iniciaba una conversación pública al respecto de los derechos laborales de quienes trabajan y cuidan nuestros hogares. La conversación llegó tarde y en este contexto se siente mucho más. Sucedió que no teníamos la suficiente preparación para saber cómo tratar la situación desde la perspectiva de trabajadoras con derechos o de empleadoras con obligaciones, así, muchos de los dilemas sobre qué hacer con las empleadas de los hogares se resolvieron según la conciencia y voluntad de quienes contratan.

Hace falta sólo leer algunos testimonios de la comunidad “Mi trabajo cuenta” para aproximarse a las complicadas situaciones que el sector está enfrentando. “Me descansaron” dicen muchas, lo que significa que le indicaron que no volviera hasta nuevo aviso y mientras tanto, no recibirá sueldo. “Mi empleadora no me contesta”, comentan otras que no les explicaron nada, que no saben en qué situación se encuentran, no saben si tendrán o no el trabajo después de que terminen las medidas de confinamiento. “Me corrieron y no me dieron nada”, dicen quienes ya no tienen trabajo y las despidieron sin liquidación. Así hay una gran parte del sector que perdió el trabajo o que está esperando volver, pero en cualquier caso, no están recibiendo ningún ingreso.

Hay otras que continúan trabajando bajo condiciones complicadas e injustas: “Estoy trabajando pero ahora con casa llena”, esta trabajadora explica que ahora tiene más trabajo porque hay más gente en casa y que el sueldo es el mismo, “Acepto malos tratos porque la necesidad es mucha” comparte alguien más que ahora todos los de la casa le dan órdenes y que los hijos la tratan mal.

La falta de medidas de seguridad e higiene y de información, ha afectado que las trabajadoras puedan continuar trabajando sin arriesgar su propia salud. “Me contagié porque mis patrones viajaron a Alemania” comenta una trabajadora que fue contagiada por sus empleadores y que aunque ahora está bien, los otros patrones con los que trabaja ya no quieren que regrese. “Yo soy diabética y tuve cáncer pero sigo trabajando” describe otra a quien no le dieron descanso aunque está dentro del sector de mayor riesgo por su historial médico.

Hay pues por un lado quienes se mantienen trabajando bajo situaciones precarias y riesgosas y otras que perdieron su empleo e ingreso. Algunas combinan el trabajo del hogar con otros trabajos también flexibles y ninguno ha resultado ser una tabla de salvación para este periodo, hay testimonios de quienes ya han vendido el patrimonio que tantos años les costó adquirir; la mayoría son madres solas que deben de sostener a sus hijos e hijas, y quienes tienen una pareja, cuentan que sus maridos también han perdido el trabajo o el ingreso. 

Según los recientes avances legislativos en materia de trabajo del hogar, no hay ninguna razón para que no aplique sobre el sector las reglas que aplican al resto de los trabajadores: que puedan estar en casa por un mes con su sueldo y mientras tanto, que como hogares enfrentemos las cargas y a veces los conflictos que implica hacer todo el trabajo doméstico por nosotros mismos. Es una buena oportunidad para apreciar y conectar con lo necesario de ese trabajo y de valorar a quien lo realiza.

No puedo dejar de decir que me partió el corazón leer los testimonios e imaginar la dimensión de la crisis de vida que se viene para muchas familias, pensar lo mucho que nos va a costar como sociedad los años de discriminación institucionalizada y apropiada, y no puedo más que esperar que más allá de la solidaridad inmediata, pensemos en las nuevas formas de relaciones que necesitamos para que las situaciones de injusticia dejen de ser nuestra normalidad.

 

Comunidad de trabajadoras del hogar en Facebook impulsada por Nosotrxs y CACEH. Cuentan también con página web: http://www.mitrabajocuenta.org/