Es una tragedia por múltiples vías y la primera de ellas es que el niño de 11 años que disparó, es la primera víctima. Sirve de poco repartir responsabilidades e incluso la gran mayoría no estamos capacitados para analizar un caso como este, que no esté en el mundo de la especulación. Sea o no excepcional, lo que sucedió en Torreón debe llevarnos a reflexionar con franqueza el país que estamos construyendo.

Vivimos en la realidad de ahogado el niño se tapa el pozo. La solución a la violencia en las escuelas, no se resolverá con programas como la mochila segura. Si no comprendemos que una tragedia como la ocurrida, es consecuencia de una sociedad que está inundada en una cultura de violencia, entonces no habremos aprendido nada. No debe ser solo un por qué, sino también y sobre todo, un para qué.

El intento de respuesta: para tomar en serio la salud mental de la niñez, el contexto de paz y sociabilidad en las escuelas y prevenir el acoso escolar. Para pensar en este evento como una llamada urgente de atención, para todos, sobre la sociedad hostil y adversa que estamos creando.

Este niño de 11 años, fue víctima de un contexto social violento. Es una consecuencia de todo lo que hacemos, hablamos y vemos. Es responsabilidad de todos no acostumbrarnos a que los niños vean como cosa corriente la violencia. Hoy debería estar jugando en el recreo. Y no, no se trata de protegerlos de la realidad, se trata de cambiarla.