**AUTORA: PATRICIA DE OBESO

Estamos todos listos para sacar nuestra lista de deseos para el país. Hoy tenemos la certeza del cambio, aunque no tenemos total claridad hacia dónde.

Uno de los problemas que nos aqueja sin tregua desde hace por lo menos 12 años es la violencia. Inseguridad, narcotráfico, crimen organizado o cualquier nombre que escojamos aplica y es la preocupación número uno de los mexicanos según el INEGI. Sin embargo, tenemos la oportunidad de cambiar el paradigma para hablar de paz, un concepto que va más allá de la ausencia de violencia.

El Índice de Paz México es una herramienta que se ha publicado en cinco ocasiones. Vale la pena revisar este tablero año con año para evaluar las estrategias y nuestra percepción de la realidad.

México obtuvo el lugar 140 de los 163 países que evalúa el Índice de Paz Global; así nos vemos hoy en día en comparación con el resto del mundo. El Índice de Paz México (IPM) 2018, que abarca un periodo de estudio de los últimos 15 años, señala que el 2017 ha sido el año más violento para el país con  24 homicidios por cada 100,000 habitantes (el promedio global es de 7), o más de 29,000 víctimas. Las cifras oficiales no nos permiten conocer a ciencia cierta quiénes son los perpetradores de estos crímenes, pero sí sabemos que el 69% se cometieron con un arma de fuego. Este es un importante tema aún sin discutir a profundidad con nuestro vecino del norte.

Sin embargo, el reporte también señala que la violencia interpersonal sigue en aumento silenciosamente y sin que le hagamos mucho caso. La violencia intrafamiliar aumentó 32% en los últimos 3 años, aunado a las violaciones sexuales y la trata de personas.

Por años, Yucatán ha sido el estado más pacífico del país, este año le siguen Tlaxcala, Campeche, Coahuila y Chiapas (tomando en cuenta solo datos de violencia).  Por otro lado, Baja California Sur se clasificó como el estado menos pacífico por primera vez en 15 años, seguido por Guerrero, Baja California, Colima y Zacatecas. Solo siete estados mejoraron su nivel de paz en el último año; el resto, empeoró.

El Índice también mide otras variables como los niveles de corrupción, las buenas relaciones con los vecinos, la distribución equitativa de los recursos, el libre flujo de información, la solidez del entorno empresarial, el nivel de capital humano, la aceptación de los derechos de los demás y el buen funcionamiento del gobierno. Estadísticamente, fortalecerlas mejoraría el ambiente de paz y atacaría a la violencia desde la raíz.

Para que esto suceda, se necesitan recursos. En este país no hay excusa. El IPM calculó que el impacto económico de la violencia en el último año fue de 4.72 billones de pesos (249 mil millones de dólares), lo que equivale a 21% del PIB o 33,000 pesos por habitante. Siempre me pregunto lo que haría cada familia de este país con ese dinero. La mayor parte de estos recursos se nos van en el ejército y en el sistema de justicia.

Nos urge reorientar la estrategia de seguridad y que esto se refleje en el presupuesto. Además del inaplazable combate a la corrupción, es necesario invertir en mejorar las capacidades de investigación de las procuradurías, las policías y las condiciones del sistema penitenciario, entre otras.

Estamos ante una gran oportunidad. Utilicemos las herramientas que existen para informarnos y vigilar que el rumbo del cambio sea el que nos beneficia de manera colectiva.